Al hablar de la autonomía que debe alcanzar el aprendiz de una lengua en la destreza oral, mi compañera en su presentación dos elementos que resonaron mucho en mi cabeza: toma de riesgos y rapidez mental. Durante mi formación como intérprete en la carrera fueron dos términos que se repitieron mucho. Debíamos ser rápidos y no tener miedo de equivocarnos a la hora de interpretar lo que se decía (lo cual se hacía complicado cuando te veías frente a tus compañeros o frente a un público real). Como ya se comentó otras veces, la presión a la hora de hablar un idioma extranjero puede ser mucha y creo que no se nos enseña a lidiar con ella. La manera de aprender a hablar es...hablando. Pero para un alumno que no esté motivado, que no controle el idioma y que encima sepa que sus compañeros y, sobre todo, el profesor, van a estar atentos a cada error que cometa esto es misión imposible. La idea que me pareció más efectiva para la mejora del speaking fue la de grabarse y después escucharse. Siempre cuesta reconocer los propios fallos, pero a veces es mejor eso que el estar sometido a la presión de que te juzguen otros. Además, cabe la posibilidad de que, al saber que vas a ser tú quien te escuches, lo hagas mejor. Creo que crear actividades (o proyectos, como el de un diario oral) relacionadas con esto puede ayudar mucho al alumno. Se combinaría la obtención de autonomía con la pérdida del miedo a hablar en inglés.
En el siguiente "punto del día" está el trabajo por proyectos, una iniciativa tan interesante como ambiciosa. Creo que este tipo de trabajos ayudarían a los alumnos en todas las destrezas, y no hablo solo de la lengua extranjera. Trabajo en equipo, autoevaluación, evaluación justa a los demás, autonomía, toma de decisiones, planificación, organización. Todo eso se puede alcanzar mediante los proyectos. Captó especialmente mi atención la dimensión pública que se recomienda que tengan estos trabajos, algo que no se me habría ocurrido. Puede ser muy motivador para los alumnos que su trabajo vaya a tener una finalidad real. Por supuesto, este método exige una grandísima organización por parte de los alumnos y del profesor, quizá en más medida de este último. El trabajo lo realizan los estudiantes, y es mucho trabajo, pero el profesor es quien lo orquestra todo, quien está pendiente de imprevistos, problemas y fallos. Y, a pesar de toda la organización y todo el control, el ámbito creativo no se pierde del todo. Los alumnos pueden innovar y crear ellos mismos, siempre con su equipo, por supuesto. Con todo, creo que merecería la pena y espero poder ponerlo en práctica algún día. Me pareció especialmente interesante la propuesta que nos presentó mi compañera Laura sobre la emisión de un programa de noticias creado por los alumnos.Mi compañera Elisa habló sobre la multicompetencia. Me ha parecido una teoría muy razonable y que hablaba de algo que ha estado presente en diversos debates a lo largo del máster: ¿es mejor el profesor nativo? Estoy de acuerdo con las conclusiones que se sacaban en la presentación. Al profesor nativo le falta el modo de pensar de un foreigner, el preguntarse por qué se utiliza can para la tercera persona y no cans*, el buscar alguna similitud con el español. Durante el primer año de carrera tuve dos profesoras de alemán, una de ellas española y la otra alemana. Aprendí muchísimo más con la profesora española. Era capaz de buscar metáforas para explicarnos la gramática que solo podría imaginarse alguien a quien le hubieran surgido las mismas dudas a la hora de aprender alemán.
Todavía estoy más de acuerdo con la afirmación de que un profesor nativo marca unas expectativas inalcanzables, o muy difíciles de alcanzar. También he tenido oportunidad de experimentar esto. Estos profesores los recuerdo con frustración y un poquito de odio. ¿Por qué no eran capaces de entender que estábamos aprendiendo, que no podían chascar los dedos y que nos apareciese el conocimiento en la cabeza? Puede que el hecho de que fuesen nativos no es lo más importante, puede que no se les diese bien enseñar, no lo sé. Pero el hecho está. Las metas que nos proponían eran demasiado altas.
En cuanto a este tema, me gustaría añadir, por último, que la idea del 'reciprocal language teaching' no me parece mala en lo que a práctica de speaking se refiere. No lo veo como un método de enseñanza, sino como la oportunidad que a todos nos gustaría tener de contar con alguien para hablar en nuestra L2. En mi facultad esto era de lo más común, todos los alumnos Erasmus buscaban gente para hacer un tándem, que era como se le llamaba a este método, y todos los alumnos decíamos que sí.
Para terminar, sobre las pruebas de nivel y de certificación, siempre he creido que son un trámite que hay que pasarlo y que lo que realmente se certifica es la capacidad de realizar un examen de una manera determinada, tal y como exigen unas reglas. Coincido con Adriana en que no se tienen en cuenta para nada, por ejemplo, las inteligencias múltiples. Por supuesto, de alguna manera hay que certificar el nivel de un idioma, y cada vez más. Por eso supongo que a lo máximo que se puede aspirar es a que sean lo más fiables y objetivos posibles. Y tal vez confiar en que algún día haya otras formas de demostrar el dominio que se tiene de un idioma. Mejor sería que nos pusieran una comedia en la L2 y nos pusieran una nota en base a los chistes que entendiésemos, ¿no os parece?
Hasta aquí mis reflexiones sobre estas clases del máster. Espero encontrar tiempo para comentar aquí mis experiencias en las prácticas.
Un saludo a todos, and the best luck for you all.



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